La argumentaciòn es una herramienta poderosa para persuadir a los demás
Oferta Educativa
Biblioteca para Lideres Educativos ofrece programas enfocados al aprendizaje y cambiar el discurso con que se hace referencia a la educación y a sus fines principales es relativamente fácil; pero transformar los sistemas, las acciones, las formas de interacción y los ambientes educativos en congruencia con un replanteamiento de lo que tendrían que ser las prioridades educativas, constituye un reto mayúsculo, así ocurre desde luego cuando se opta por un enfoque de la educación basado en competencias.
En primer lugar habrá que tener en cuenta que las competencias son más amplias que la adquisición de conocimientos relacionados con las materias típicamente enseñadas en las escuelas. Se extienden más allá del contexto de la escuela y comprenden la idea de preparación para la vida. No sólo son re- sultados de aprendizaje ni habilidades nece- sarias para el trabajo, son conocimientos y habilidades socioculturales en una relación curricular.
Las ideas contenidas en el planteamiento del párrafo anterior, por sí solas implican transformaciones:
a) En la dimensión y características de los propósitos curriculares, sea cual sea el nivel educativo del que se trate.
b) En la construcción de planes de estudio y programas, de tal manera que el énfasis principal sea la identificación de los des- empeños esperados por los estudiantes, considerados como expresión del desa- rrollo de competencias.
c) En la selección de experiencias de aprendizaje a proponer por los profesores, las cuales habrán de involucrar necesariamente situaciones relevantes (potencialmente significativas) para el individuo, puesto que la identificación de los desempeños esperados se hace precisamente a partir de este tipo de situaciones.
d) En el tipo de materiales y métodos con los cuales se manejan los contenidos. Habría que transitar de aquellos que propician un manejo abstracto de los contenidos, prácticamente sin referencia a las condiciones en que operan en la realidad, a otros en los cuales no sólo se haga referencia a ellas, sino que sean el punto de partida.
e) En el tipo de estrategias con las que se pretende propiciar el aprendizaje. Habrá que reconocer al individuo como capaz de organizar y dirigir su aprendizaje, por lo tanto, privilegiar estrategias donde los estudiantes jueguen un papel activo, tanto para enfrentar las situaciones que se les planteen, como para integrar conceptos y conclusiones, o para proponer alternativas.
f) En las formas de evaluación. Resultaría incongruente adoptar el enfoque de la educación basada en competencias y seguir utilizando los métodos e instrumentos de evaluación privilegiados en el enfoque tradicional de enseñanza. Evaluar el desarrollo de competencias supone mayor complejidad, pero la experiencia muestra que si las competencias no son evaluadas, ellas no serán enseñadas correctamente.
g) En el clima de aprendizaje, no sólo escolar sino de todos los núcleos sociales en los que el individuo se desempeña. La adquisición y conservación de competencias implica el aprendizaje durante toda la vida, no sólo es cuestión de esfuerzos personales, sino en gran medida depende de la existencia de un ambiente material, institucional y simbólico favo- rable. Supone retomar con toda su inten- sidad la conciencia de la función educadora de la sociedad en su conjunto
h) En la formación de los profesores. Un abordaje desde las competencias para la vida requiere docentes y educadores muy competentes, beneficiarios de una formación adecuada, tanto inicial como en servicio.
Un imaginario de esperanza
Si se parte de retomar la pregunta planteada por Farstad (2004: 7): “¿cómo puede la educación responder mejor a las necesidades y expectativas de los jóvenes, a fin de que ellos puedan desarrollar todos sus talentos, vivir mejor, salir de la pobreza, ingresar a la vida profesional y desempeñar un rol activo en los procesos de desarrollo?”; en principio se caerá en cuenta de que lograr un propósito de tales dimensiones no depende únicamente de los sistemas educativos como tales, tiene que ver con la sociedad toda en su expec- tativa de nación, de bienestar, de calidad de vida, con su organización política y econó- mica, así como con la forma en que dicha sociedad concreta acciones congruentes con las prioridades por las que ha optado.
Mirado en toda su dimensión, el propósito de que la educación contribuya de manera efectiva a que todos los niños y jóvenes de- sarrollen competencias para la vida, es prác- ticamente del tamaño de una transformación estructural de toda la sociedad en la que los sistemas educativos habrían de trabajar en su aportación a ese propósito insertos en un am- biente familiar, laboral, institucional, políti- co, social, etcétera, que se caractericen por favorecer consciente, decidida y congruen- temente el desarrollo de las competencias a las que hace alusión la pregunta del párrafo anterior.
Aquí es donde los educadores habremos de optar entre dos posiciones básicas: por una parte la que denominaremos pesimista o derrotista, en la que se argumentaría que es imposible lograr un propósito como el de desarrollar competencias para la vida, pues- to que es prácticamente inconcebible, en so- ciedades tan deterioradas como las del siglo XXI, llegar a contar con el apoyo total de las familias, las instituciones, los diseñadores de planes y programas, las autoridades, los grupos sociales, etcétera; luego no habrá más que resignarse a la situación actual y se- guir las mismas rutinas con las deficiencias que caracterizan a los sistemas educativos actuales.
Por otra parte, la postura de la utopía y de la esperanza, en la que se apueste a que una golondrina sí puede llegar a hacer verano; a que gota a gota es posible conformar una Educación de calidad y competencias par la vida . Asumir una u otra postura, en el caso de los educadores, es asunto de filosofía y de proyecto de vida, de sentido de la profesión, de prioridades personales, de mirada al futuro que se quiere construir, de compromiso con las generaciones de niños y jóvenes que tienen el derecho de arribar a una sociedad con mejores condiciones y calidad de vida. ¿Por qué no actuar, a pesar de todo, desde un imaginario de esperanza? De ese tamaño es el reto.
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